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Hoy recibí un rayo de luz y me sentí iluminado. De pronto descubrí lo importante que había sido mi aprendizaje a partir de sentirme gordo, hasta el cuello de deudas y sin trabajo. Además agregaría a estos tres factores, el asunto de sentirme inepto para el ejercicio.

Gracias a estas cuestiones que he tenido que enfrentar recientemente, me he podido dar cuenta de muchas cosas y sentirme más fuerte, capaz y seguro.

En primer lugar, una vez que vencí todos los pensamientos respecto a ponerme a dieta como por ejemplo:

  • No voy a poder.
  • No puedo renunciar a comer lo que me gusta.
  • No puedo dejar el vino tinto.
  • Tengo muchos eventos sociales y eso no me lo va a permitir.

Una vez que me enfoqué en el asunto de:

  • Quiero ver por mi salud.
  • No me quiero ver mayor, quiero verme de mi edad.
  • Me quiero sentir ligero.
  • Me quiero sentir cómodo con la ropa.

El resultado fue que pude ponerme a dieta y darme cuenta que todos mis “peros” no eran más que pensamientos muy lejanos de la realidad. Pude hacerlo, no me angustia dejar ciertos alimentos pues, con los que como, me siento ligero, sano, sin ansiedad ¡Y me veo más atractivo y joven de lo que soy! y sólo llevo mes y medio y he bajado casi 6 kilos.

En cuanto a las deudas y sentir que nunca las podría pagar, gracias a esta experiencia he aprendido que:

  • A mi ritmo, puedo ir, poco a poco, resolviendo el problema.
  • Puedo ser paciente y no esperar que los problemas se resuelven de la noche a la mañana. Si me llevó un rato crear un asunto de crisis, me llevará un rato resolverlo, pero tengo la capacidad para ir poco a poco.
  • Me siento tranquilo al ver que puedo resolver un aspecto económico con inteligencia.
  • Me doy cuenta que SÍ PUEDO DEJAR DE USAR LA TARJETA DE CRÉDITO, cuando mi objetivo primordial no es calmar mi ansiedad comprando, sino quitarme la preocupación de estar endeudado.
  • Que si tengo gustos o deseos, no pasa nada si los postergo. No quiere decir QUE NUNCA lo voy a tener, simplemente quiere decir QUE POR AHORA NO LO VOY A TENER pero que EN EL FUTURO MUY PROBABLEMENTE SÍ. Pero que bien vale la pena postergar mi capricho por quitarme una preocupación y un problema que tengo.

El asunto del trabajo, por su lado, se ha ido resolviendo en la medida que me angustio menos, agradezco el que sí tengo, aprovecho el tiempo libre en construir las herramientas para otros proyectos y disfruto lo que hago. En la medida en que he hecho esto ha ido saliendo trabajo de mayor calidad y he podido resolver los problemas económicos no de un golpe, pero sí poco a poco, en la medida de  mis posibilidades y veo que puedo ACEPTAR esto sin problemas.

En cuanto al ejercicio, en la medida que lo he visto no como una obligación sino como una forma de autoapoyo para bajar de peso, estar sano y sentirme mejor, quitando el TENGO QUE HACERLO y agregando el QUIERO HACERLO porque me ayuda a estar bien, en menos que canta un gallo he logrado avances maravillosos y sentirme increíblemente bien.

Qué importante es quitar el DEBO y poner el QUIERO. Y qué importante es saber qué NECESITO, QUIERO Y DESEO. En la medida que he establecido claramente mis objetivos y quitarles el PORQUE TENGO QUE, me ha sido mucho más fácil lograr lo que quiero y eso me ha dado una sensación de mucha satisfacción, seguridad y placer.

Si vencemos los pensamientos automáticos, las actitudes reactivas y nos enfocamos en nuestros verdaderos fines, puede ser mucho más sencillo de lo que pensamos.  El simple hecho de ponerse en acción superando un poco las resistencias, nos puede transformar la realidad en 360 grados. Pero nos hemos comprado tanto nuestras ideas limitantes y nuestras historias de   “indefensos” o “víctimas incapaces de” que nos creemos la idea de que no podemos. ¿Estamos realmente seguros de que es así? ¿De verdad creemos que no podemos ser más organizados, más disciplinados, más capaces de no ser tan impulsivos y postergar ciertas cosas, de no tolerar la frustración? la única manera de comprobarlo es ponernos a prueba. Nos vamos a llevar muchas sorpresas. Sólo te doy una recomendación, no lo hagas por DEBER, hazlo porque estás convencida de que quieres hacerlo y tienes muy claro cuál es tu objetivo.

Para que el aprendizaje sea significado tiene que cumplir uno o varios de estos aspectos:

  • Que tú realmente quieras y no sea por complacer a los demás.
  • Que por alguna razón te interese aprender eso.
  • Que te sea útil en tu vida, en tu persona.

Si no cumple por lo menos alguno de estos aspectos, es muy probable que sólo sea porque tú crees que TIENES que hacerlo pero no estás convencida de que realmente QUIERES llevar a cabo. Y si DEBES pero no QUIERES el aprendizaje, te lo digo desde ahora, no será significativo y muy seguramente no te sentirás satisfecha sea cual sea el resultado. Y, además, es muy probable que al final vuelvas a “caer” en la situación anterior lo que te generará una mayor frustración y una mayor insatisfacción.

La realidad es que: soy más fuerte de lo que creo; soy más capaz de hacer y lograr lo que deseo, de lo que pienso; he desarrollado más capacidades de las que puedo reconocer. Sólo poniéndome a prueba puedo llegar a comprobar la realidad de esto y volar hacia mi auténtica felicidad.

Alas para volar

Mis alas son más grandes y poderosas de lo que yo mismo reconozco, hasta que me pongo en acción.

No me creas, ponte a prueba y compruébalo por ti mismo o misma. Y si QUIERES compártelo conmigo o con este espacio.

Gracias.

Muy frecuentemente vivimos el sentimiento de culpabilidad por la idea de vernos a nosotros mismos antes que ver las necesidades, deseos, intereses de los demás. Nos preocupan, también, los juicios que los demás pueden hacer sobre nosotros, que nos califiquen de egoístas, que  nos dejen de querer, que se alejen de nosotros.

Somos incapaces de atrevernos a vernos a nosotros mismos porque recibimos una educación muy determinista en ese sentido. Ver primero a los demás, después a los demás y al último a los demás, me refiero a una educación dentro de un contexto Judio-Cristiano muy enfocado al sufrimiento como forma de auto purificación y como una forma de alcanzar la recompensa de una vida eterna.

Sin embargo, cuando sistemáticamente nos negamos la posibilidad de vernos, estamos siendo injustos con nosotros mismos. ¿Por qué, si todos somos iguales ante los ojos de Dios tendríamos que merecer vernos menos que a los otros? eso no tiene ningún sentido positivo y sí muchas repercusiones negativas.  Cuando por miedo, culpa, o cualquier otro motivo niego o postergo mis necesidades y deseos, voy acumulando mucho resentimiento y, a la larga, voy a cobrarle al otro todos mis “sacrificios y renuncias”.

Para que esto no llegue a pasar y termine no sólo lastimándonos más a nosotros y provocando justo lo que queremos evitar: que nos dejen de querer o que se alejen de nosotros, debemos atrevernos a correr el riesgo – a pesar de la culpa o el miedo – a cuestionar nuestras ideas y creencias. Preguntarnos si de verdad soy tan egoísta o tan mala persona si, en ciertos momentos o circunstancias, decido negarle al otro su deseo y pongo el mío por delante. Si soy tan egoísta cuando me atrevo a decirle a los demás que también mis deseos cuentan y que quiero que se tomen en serio.

Muy probablemente habrá personas que, acostumbradas a que los complazcamos a toda costa, se desconcierten cuando vean nuestro cambio de actitud y nos lo reclamen. Pero, si ese es el caso, debemos hablar con claridad, ser asertivos e intentar hacer ver al otro que si hemos hecho hasta ese momento todo por complacerlo, ha sido por amor, pero que nos hemos dado cuenta de que también nosotros tenemos deseos de ser vistos como iguales y queremos que, en un sano equilibrio, se nos tome en cuenta.

No tratemos tampoco de que sea el otro el que adivine nuestras necesidades. Nos podríamos pasar la vida entera esperando a que el otro se de cuenta y no es su obligación, pues no es un adivino. Es nuestra responsabilidad decir qué queremos y qué necesitamos en cada situación. Nuestro asunto es pedir, el asunto del otro es aceptar o negar la petición. Claro que, si vemos que siempre o la mayoría de las veces el otro se niega a intentar complacernos, si vemos que reiteradamente niega o evade nuestras peticiones, nos dolerá, pero también nos dará la posibilidad de darnos cuenta qué tanto le importamos a la otra u otras personas.

Si me doy cuenta de que no le importo al otro, ¿realmente quiero estar con esa persona? ¿realmente me amo tan poco como para aceptar vivir mi vida al lado de alguien que sólo quiere ver satisfechas sus necesidades, que espera de mí que esté al tanto de sus caprichos pero que no está dispuesto a ver lo que yo  necesito o, cuando se lo pido, se niega a complacerme pretextando cualquier cosa?

Creo que ahí tenemos una prueba más de si realmente queremos construir nuestra autoestima, a través del auto respeto y el reconocimiento de las propias necesidades, a través de adquirir el valor de aprender a defenderlas a prueba de todo, sin pagar el precio de la culpa ni construir un muro de resentimiento.

No olvidemos nunca que, una verdadera relación, basada en el amor y la comprensión, es una relación equitativa, donde las dos personas valen igual, son igualmente importantes, ellas como personas, sus deseos, sus intereses y sus necesidades. Si esto no sucede, quiere decir que no estamos en una relación igualitaria, y que, muy probablemente, está basada más en el amor, el interés o la culpa, o que es una relación de poder y no de amor y que está condenada al dolor y a la infelicidad.

Todos merecemos vivir el amor, pero también, somos responsables de co-construir las bases de una relación sana y amorosa.

Me amo y me valoro

Si queremos encontrar la verdadera felicidad, tenemos que aprender a ser responsables de nosotros mismos

Atentamente

Luis Fernando Martínez.

 

El protagonista de mi historia personal

Soy el protagonista de mi propia historia

Hoy quiero  hacer algo diferente: comprometerme a  pensar primero en mí que en nadie más. A hacer las cosas por que las quiero yo y no porque las quiere (o yo me lo imagine) alguien más. Porque espero encontrar algo bueno para mí y no porque -me imagine- que  otros piensan que eso es lo mejor para mí.

 

Mi compromiso es que, cada vez que vaya a empezar a hacer algo, sea lo que sea, preguntarme si realmente quiero hacerlo,  por qué quiero hacerlo, para qué lo voy a hacer, qué quiero lograr y cómo me quiero sentir al realizarlo.

Mi compromiso y mi responsabilidad es comprobar que eso que haga lo deseo en realidad que es algo que me va  me va a ayudar a satisfacer mis necesidades o deseos personales. Quiero comprometerme a hacer las cosas que verdaderamente me importen, me sean útiles, me hagan sentir satisfecho, no sólo a otros.

Si eso que hago me hace feliz a mí y también a los demás, será maravilloso, pero si es algo que yo necesito hacer por mí, y decepciona o frustra las expectativas de alguien más, me comprometo conmigo mismo a tolerar la culpa o el miedo por  desilusionarlo y correr el riesgo de que se aleje de mí, me reproche por mi actitud egoísta o me deje de querer.

Hoy mi compromiso es conmigo  y por eso voy a defender las cosas que yo quiero  y a darme el derecho de  dejar lo que no deseo. Hoy voy a poner delante de cualquier cosa mis necesidades, mis deseos, mis gustos. Hoy me comprometo a complacerme en todo.

Mi compromiso es a darme cuenta de que este es mi derecho como ser humano. Reconocer que verme primero a mí no significa hacerle daño a nadie y  que, si otro “se siente lastimado” no me toca a mí convencerlo de que ambos somos igual de importantes, es responsabilidad de él darse cuenta que  mi misión en la vida no es complacerlo siempre en todo, esa no es mi obligación. Es tarea suya reconocer que, cuando hago algo por él o por ella, no es por deber,  no es por obligación, es un regalo que yo elijo darle, y que, si no lo hago en ocasiones, no significa que no lo quiera o que nunca más lo vaya a ser, significa simplemente que es mi elección decidir cuándo hacerlo. Cuando es que yo quiero hacerlo de una manera totalmente auténtica y no por “ganarme” su amor, su aprecio o su presencia. Estoy convencido de que tengo derecho a ser amado sin tener que luchar por ganarme el amor de los demás.

Mi compromiso es, también,  hacerme consciente de que si el otro no cumple mis expectativas, también es su derecho. Que no está obligado. Que si lo hace en ocasiones es por gusto, como un regalo para mí y si un día no quiere darme un abrazo o un beso, o ir conmigo al cine, tal vez sea porque está cansado o simplemente porque no tiene ganas, no porque no me quiera, no le importe, ni porque  nunca más lo vaya a volver a hacer.

Mi compromiso hoy es a defender mis cosas, deseos, gustos o necesidades y a respetar las del otro. A reconocer que nuestras necesidades o deseos no van a estar siempre en sincronía y que tenemos el derecho de elegir si queremos complacer primero los nuestros o los del otro, sin sentirnos por ello culpables, pues, de no hacerlo con consciencia, sino desde la necesidad de no sentirnos culpables, tarde o temprano  ambos sentiremos resentimiento mutuo por haber pasado por encima de nosotros mismos. Por el miedo de que el otro se enoje, se decepcione, se aleje o nos deje de querer.

Hoy no quiero poner por delante la preocupación de lo que “pensarán de mí los demás”. Quiero actuar sin que eso me importe, por lo menos, sin que me importe tanto o al grado de dejar de verme a mí por darle gusto a los otros.

Así pues, hoy YO SOY mi mayor compromiso. Ser leal conmigo y darme A MÍ, A MIS NECESIDADES, A MIS DESEOS, A MIS SENTIMIENTOS Y A MIS IDEAS el lugar que merecemos.

Hoy mi compromiso es reconocer que esta es mi vida, es mi historia y,  por lo tanto, tengo el derecho a ser el protagonista de la misma.

Con mi cariño para todos los protagonistas comprometidos con sus historias personales:

Luis Fernando Martínez

espaciocreeserjuntos.com

 

Venus

El primer amor, es el amor propio

Es definitivo, si de alguien aprendo de le vida, el amor, los sentimientos, la felicidad, el deseo por crecer y aceptarse es de mis pacientes. Son los mejores maestros, a los que más admiro y más respeto.

Esta semana, uno de ellos, al que llamaré  “D”, estaba muy triste pues  no lograba entender por qué él o muchas otras personas, siendo y reconociéndome como individuos atractivos, inteligentes, exitosos,  en pocas palabras, sabiéndose “buenas personas” estaban solas y no conseguían el amor de otra persona, o, si lo tenían por algún tiempo, al final se marchaba.

Hablamos durante la sesión de este miedo al quedarse solo, a no ser visto, apreciado, aceptado, amado.

Me di cuenta de que había una parte en él que se sentía sola y desvalorizada. Que esperaba desesperadamente  que hubiera alguien en el mundo que le dijera que era un tipo valioso, que le dijera que podía reconocerlo, aceptarlo, apreciarlo y amarlo. El problema que no alcanzaba a reconocer “D” es que estaba buscando ese reconocimiento fuera de él, en el exterior, antes de tratar de darse todo eso él mismo primero que nadie.

Decidí hacer un ejercicio y poner a dialogar a  “dos partes” de mi paciente.  Por “partes” me refiero a dos características de su  personalidad que, pude reconocer durante nuestra conversación, estaban en conflicto dentro de “D”.

En un cojín le pedí que se sentara al que se sentía solo, no valorado ni amado, la parte “vulnerable o sensible de D”. Esta parte sensible expresó lo doloroso que era no encontrar a alguien que le dijera que lo valoraba, que podía aceptarlo y amarlo siendo como era, una parte sensible y que anhelaba el amor.

Después le pedí que se cambiara de lugar, y, desde ahí, hablara ahora la parte “fuerte y autónoma de D”. Cuando logré que “D” se contactara con esta parte, le pedí que viera a la otra, a la  “vulnerable”, que la observara y que tratara de “empatizar” con ella, sin  juzgara, ni descalificara, sin tratar de cambiarla, pues, aunque sufriera, era una parte importante de él.

A “D” le costó trabajo hacer lo que le pedía. Empezó diciéndole a la parte sensible que sus temores le hacían cometer errores, no darse cuenta de las cosas y, al final, salir más lastimado y sentirse más solo.

Yo le explique a “D”  que eso no ayudaba a la parte “vulnerable” pues, en vez de hacerla sentir aceptada, la estaba haciendo sentir rechazada e inadecuada por ser como era. Desde el lugar de la parte sensible “D” expresó su dolor, su sentirse “regañado y exigido” y volvió a expresar su necesidad de ser aceptado por ser justamente COMO ERA, sin que le exigiera cambiar.

Finalmente “D”, comprendió la necesidad de la otra parte y logró hablarle desde el corazón: pudo reconocer que sí  lo veía, que lo aceptaba e incluso que  lo admiraba pues, gracias a su parte sensible, había logrado darse cuenta de muchas cosas valiosas. Durante este diálogo, “D” se fue dando cuenta que la parte sensible le ayudaba a lograr muchas cosas, que, sin esta parte, su vida no sería la misma y él no sería el mismo ni tendría la capacidad de lograr muchas cosas sumamente importantes en su vida, y que sólo podía verlas con el alma y los sentimientos, a través de su parte sensible.

Esta parte “sensible” se fue sintiendo cada vez más aceptada, apreciada, querida y pudo comprender al fin,  que no era afuera donde tenía que buscar la aceptación, antes que nada, debía encontrar el amor dentro de él. Si lo lograba, entonces podría buscarlo fuera. Si por alguna razón no lo encontraba en ese momento o en el futuro,  siempre podría dárselo a sí mismo. Pero, paradójicamente, cuando uno deja de buscar afuera y encuentra en su interior ese amor, es más fácil que aparezca también en el exterior.

Le pedí a “D” se cambiara de nuevo de lugar, a un tercer sitio y  le pedí que abrazara a  dos cojines que representaban a las dos partes de su ser, la fuerte y la vulnerable, que se diera cuenta que una no era mejor ni más importante, que las dos eran fundamentales para él y que las integrara en todo su ser.

La moraleja de este ejercicio salta a la vista: mientras buscamos la aceptación, el reconocimiento, la valoración afuera, y no  somos capaces de darnos todo eso nosotros mismos, nada logramos. Si nosotros no nos queremos primero, incondicionalmente, y nos aceptamos, jamás resonará el amor de otros en nuestro interior, simplemente, no seremos capaces de escuchar esos ecos. Y, si al final logramos darnos primero ese amor y aceptación a nuestros mismos, automáticamente todo cambiará a nuestro alrededor y seremos capaces de reconocer el inmenso amor que nos rodea, por parte de  los otros y de la vida entera.

Por todo ello, no esperes un día más para empezar a amarte, a aceptarse  y a reconocer lo valioso que eres… empieza hoy mismo a trabajar en ello y, si te es difícil hacerlo tú solo, busca apoyo, el saber pedir ayuda, también es un acto de inteligencia, de valentía, de amor por uno mismo.

Desde este espacio, te abrazo y te aprecio por estar en esta búsqueda de ti misma.

Luis Fernando Martínez

espaciocreeserjuntos.com

 

Los costos del sacrificio por amor

El sacrificio de uno termina convirtiéndose en la prisión del otro

Un factor que  daña la autoestima es renunciar a nuestras propias necesidades o deseos en función de los deseos del otro. Frecuentemente, en nombre del amor, hay personas dispuestas a sacrificarse por el otro creyendo que con ello la pareja permanecerá a su lado para siempre.

Es verdad que todos deseamos agradar a los demás pues se trata de una necesidad humana. Es reconfortante despertar el interés de otros por la propia persona pues con ello se reafirma la autoestima, se alegra el corazón, disminuye el miedo, aumenta la confianza y se abre la promesa de un futuro compartido, es como “tocar el cielo con las manos”.

Sin embargo,  esconder o negar nuestros deseos, sueños, necesidades, o postergarlas para que el otro sea feliz, puede tener graves consecuencias.

Existe en muchas personas, sobre todo en las mujeres, confusión respecto al deseo de agradar, y se ve como un acto de “amor incondicional” por el otro  postergar o suprimir las necesidades personales. Al final, ese amor termina convirtiéndose en servilismo o sometimiento, pues el mensaje que nos damos a nosotros mismos es “no soy tan valiosa como él, por eso, debo sacrificarme para que sea  feliz, cubrir sus necesidades aunque pase por encima de mí, al fin y al cabo ¿qué me cuesta si es el precio para que no me abandone?”.

Del mismo modo, la sociedad nos hace creer que estas actitudes o conductas no tienen un costo, pero es un engaño. Todas las decisiones que tomamos en la vida tienen un precio, es inútil quererse convencer que el negarse a uno mismo por otro  no va a tener una consecuencia.

Al final, las mujeres o los hombres que se afirman “Qué más da, no me cuesta nada“, cada vez que se hacen a un lado para satisfacer al otro, van generando mayores expectativas por un lado y resentimiento por el otro.  Y no tienen que ser necesariamente  cosas importantes como dónde vivir, cómo administrar la economía familiar, cómo educar a los hijos, pude tratarse de cosas simples y cotidianas como la decisión de dónde comer, a dónde ir de vacaciones, qué  canal de televisión ver, a que familia o amigos visitar o invitar el fin de semana).

La persona que generalmente sede, se va sintiendo cada vez más entrampada por la sobrecarga de sus “seres queridos” pues no quiere sentirse culpable por no satisfacer los deseos del otro y cree que esto, es un acto de amor, por lo que se sigue queriendo convencer con frases como  “Lo amo, no me cuesta nada, es para que sea feliz“. Pero la realidad es que, por mucho amor que se sienta por el otro, el renunciar a uno mismo el algo que sí nos pesa y nos genera resentimiento. A fin de cuentas, si el otro también  ama a su pareja, le deberían importar sus deseos y necesidades pero, si no es así, surge la duda de qué tan verdadero es su sentimiento amoroso.

El amor es el sentimiento más bello, pero no está exento de costos y, si estos son excesivos, terminan  perturbando el sentido de equilibrio.Cada vez que la persona se sacrifica, aumentan sus expectativas de recibir algo a cambio. Espera, sobre todo,  la garantía de un amor eterno y de una permanencia para toda la vida.

Por su parte, “el beneficiario”, termina sintiendo los sacrificios del otro como una carga y su amor, como una prisión de la que lo único que quiere es escapar.  Se da cuenta de que el costo por lo que recibe es demasiado alto, que nunca lo podrá pagar  y esto, paradójicamente, provoca que ya no quiera continuar con la relación y se aleje, provocando mayor confusión y dolor al que lo dio todo por amor, pues de nada valieron sus sacrificios y se enfrenta ahora con sentimientos de frustración y de poca valía, con la idea de que hay algo muy malo en él o ella,  pues ni sacrificándolo todo logra mantener al ser amado a su lado.

En conclusión, el no reconocer las propias necesidades, el no aprender a negociar, el miedo al conflicto o a enfrentar la ausencia del ser amado, la auto postergación de nuestros deseos, sueños, planes, proyectos por darle siempre el lugar a los del otro, terminan anulando la propia personalidad, generan mucho resentimiento (no es justo que yo de todo y no reciba nada o muy poco a cambio), lastiman profundamente la autoestima y socavan las bases del intercambio amoroso.

Cuando la energía entre  “dar y el recibir” no están equilibradas, quien más da se pone en un plan de superioridad (“yo soy mejor, o más fuerte, o más bueno, o más lindo, o te amo más por eso soy yo quien se sacrifica por ti”) y el otro, el que recibe todo,  se termina sintiendo inferior (“soy más débil, menos bueno, menos fuerte, la amo menos, por eso yo nunca podría compensar todo lo que ella me da”) y, ante esto, no tiene más remedio que marcharse, pues ante una deuda impagable, lo único que le queda es salvar su dignidad y autoestima alejarse.

Por ello, tenemos que  ser muy cuidadosos en el flujo del dar y recibir y, si ya dió algo la persona, no seguir dando hasta comprobar que también se abre para recibir (o pide, reclama, exige, según sea necesario), en reciprocidad.

Verse a sí mismo (en cuanto a las necesidades, deseos, metas, objetivos personales)  y ver al otro (sus necesidades, deseos, metas, objetivos personales) es la clave para el bienestar y para mantener a salvo la autoestima y el amor en las relaciones con los demás.

Gracias por leerme. Recuerda, no te marches sin dejarme un comentario, me interesa saber qué piensas y cuál es tu experiencia en relación a lo dicho.

Una persona con la autoestima alta:

  • asume responsabilidades con facilidad;
  • está orgullosa de sus logros;
  • afronta nuevos retos con entusiasmo;
  • utiliza sus medios, oportunidades y capacidades para modificar su vida de manera positiva;
  • se quiere y se respeta a sí misma y consigue el aprecio y respeto de quienes le rodean;
  • rechaza toda actitud negativa para la persona misma;
  • expresa sinceridad en toda manifestación de afecto que realiza;
  • se acepta a sí misma;
  • no es envidiosa.

Cuando una persona tiene su autoestima baja:

  • desprecia sus dones naturales;
  • otras personas influyen en ella con facilidad;
  • se frustra fácilmente;
  • se siente impotente;
  • actúa a la defensiva;
  • culpa a los demás por sus debilidades.